Furancho

Furanchos: la tradición secreta con atractivo turístico

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Como prometimos en nuestro anterior post sobre restaurantes enxebres, aquí traemos el artículo sobre los furanchos. Y aunque ya hemos hablado anteriormente del vino gallego, y de cómo funciona la tradición vitivinícola en la comunidad, hoy os vamos a descubrir un secreto que los gallegos mantienen en su esencia y que seguro querréis probar tras leer este artículo. ¡Vamos allá!

¿Qué son?

Los furanchos no tienen una definición concreta, ¿qué son? ¿bares? ¿tascas? ¿casas? Pues una mezcla de todo. Técnicamente son casas particulares, donde se habilita un bajo o garaje para que se disfrute del vino sobrante de la cosecha de la casa. Esto es lo que empezó siendo.

Nacieron de casualidad, cuando sobraba vino en una casa y se invitaba a los vecinos a beberlo. Normalmente, los propios vecinos llevaban comida, y así cada uno aportaba algo. Pero esto ha ido extendiéndose, y se ha convertido en un atractivo turístico, aunque no conocido por todo el mundo.

Furancho

Hoy en día, son como tascas donde se vende el vino sobrante y, en algunas, ofrecen raciones tradicionales como tortilla o empanada…pero todo hecho en casa. En otras, permiten que lleves tu propia comida, ya que no ofrecen estas raciones.

¿Furancho o loureiro?

Los furanchos y los loureiros son exactamente lo mismo en realidad, solo hay una cosa que los diferencia: la comida. Tradicionalmente los loureiros eran exactamente la definición anterior, salvando que los furanchos podían ofrecer tapas frías y los primeros no. Poco a poco se ha ido olvidando esta diferencia y se han convertido todos en furanchos. Incluso se ha olvidado el nombre “loureiros” a la hora de designarlos. Además, ahora ya pueden servir tapas y raciones calientes.

¿Dónde están?

Si viajas por las carreteritas comarcales de la zona entre Vigo y O Salnés, pasarás fijo por algun furancho. Pero tú no te darás ni cuenta. Es muy difícil encontraros, ya que realmente son casas particulares con una hoja de laurel en la puerta. Esta hoja significa que es un furancho y que está abierto. Aún así, si vas en busca de uno concreto… ¡buena suerte!

La tradición de los furanchos se remota a sobre 300 años, y siempre se han ido conociendo con el “boca a boca”. Pero, jamás te vas a encontrar un cartel que diga el nombre, ya que en sí no tienen nombre propio. Le llaman por el nombre de la familia, muy típico aquí; por la fama que tenga; por la calidad de los servicios; por una cualidad concreta en los dueños… Nunca se sabe.

Por eso es tan difícil. Porque no puedes llegar a un pueblo y preguntar por x en concreto, ya que además de confundirte con las indicaciones, es muy probable que no lo conozcan por el mismo nombre.

Para evitar que esto suceda, un grupo de amigos aficionado a los furanchos decidió crear una página donde tener un control para ir situándolos en mapas y poder llegar con el GPS. La página se llama defuranchos.com y te será de gran ayuda.

¿Cuándo ir?

La normativa les permite abrir tres meses al año, en el periodo entre diciembre y junio. Son los propios furanchos los que deciden cuándo abren, pero el máximo permitido solo son 3 meses. Normalmente, prefieren acercarse a la época de primavera, aunque los primeros en abrir, no suelen llegar a los 3 meses.

Esto es porque, cuando el vino se acaba, se cierra el furancho hasta el año que viene. Y no solo eso, sino que ellos deciden si este año abren o no, dependiendo de sus intereses. Pero esto te lo harán saber, simplemente, al colocar la hoja de laurel en la puerta.

¿Qué se toma?

Se toma vino, ¡obviamente! Pero no solo eso. La regulación de 2012 trajo consigo la posibilidad de servir un total de 11 raciones distintas, de las cuales cada furancho debe escoger 5, las que mejor se le den. Son, por ejemplo, los pimientos de Padrón, oreja, sardinas, raxo, tortilla, empanada… Es una de las primeras regulaciones de los furanchos, para que puedan continuar abiertos y respetando la higiene y la seguridad de los clientes.

Vino y tapa

¿Quieres postre? Un buen café de pota hecho con mucho cariño, o un licor café preparado en casa.

En cuanto a bebida, solo disponen de vino y agua. Las cuncas y las jarras se encargarán de protegerlo hasta que te lo lleves a la boca, sin la existencia de botellas de por medio. No hay la posibilidad de pedirte un refresco, una cerveza o un mojito.

Y muchos menos se te ocurra pedir la carta de comidas, porque te dirán, amablemente o no, que no disponen de ella.

El atractivo turístico que están ganando es innegable, e inevitable. La gente disfruta con el buen vino, la comida de casa, y una conversación agradable. ¿Qué mejor sitio que un furancho para esto?